Secuelas de las deficiencias de gestión en Argentina
La Nación
El célebre economista inglés John Maynard Keynes decía que en la economía se puede hacer todo, salvo evitar las consecuencias. Esta sentencia es aplicable a las actuales circunstancias de la Argentina, en las cuales se observan problemas que han surgido recientemente, pero cuyas causas pueden encontrarse en decisiones de gestión de los años anteriores.
Hay claros signos de enfriamiento de la actividad económica mientras los precios siguen subiendo. Se está configurando así lo que se conoce como “estanflación”, que es estancamiento del crecimiento con inflación. Además, los precios han evolucionado en forma absolutamente distorsionada y se han alejado de los niveles absolutos y relativos a los que se hubiera llegado naturalmente y que serían los correctos para atraer inversiones y optimizar la asignación de recursos.
Los congelamientos aplicados desde hace más de seis años o los controles oficiales aplicados desde hace tres han generado rezagos en ciertos servicios públicos y en diversos productos alimenticios. La rentabilidad mínima o el acotamiento de las pérdidas en esas actividades se está logrando con la ayuda de crecientes y distorsivos subsidios provenientes del presupuesto nacional. El fuerte aumento de estos aportes y la falta de acciones de contención en otros rubros del gasto público han deteriorado los resultados fiscales de la Nación a pesar del notable incremento de la presión impositiva.
El conflicto con el campo por las retenciones fue consecuencia del intento de llevar un tributo a niveles confiscatorios para salvar una comprometida situación de caja. Esto mismo impulsó en marzo de 2007 una reforma del sistema de jubilaciones, al transferir aportantes del sistema de capitalización, con sus ahorros acumulados, hacia el sistema de reparto que los absorbió como un ingreso corriente. Esta reforma, originada en el Poder Ejecutivo y convertida en ley por un Congreso con mayoría de número del oficialismo, comprometió severamente el futuro fiscal y el de los futuros jubilados. Fue otra medida que se expuso en su momento con argumentos demagógicos e ideológicos que omitieron mostrar riesgos y consecuencias, lo que califica una gestión como preocupada por su sostenimiento inmediato sin medir las consecuencias de largo plazo.
A pesar de todas las medidas recaudadoras cortoplacistas, y en contradicción con la información oficial, la situación actual real del fisco se muestra débil. Prueba de ello son los crecientes atrasos en los pagos a proveedores, contratistas y receptores de subsidios.
Los rasgos de una gestión guiada por la búsqueda de respuestas populares inmediatas, motivadas y condicionadas por un discurso demagógico, se extienden también a las relaciones internacionales; la defensa y las fuerzas armadas; la legislación laboral; la justicia; los derechos humanos y el derecho de propiedad, entre otros. Hoy se cosecha lo que se ha sembrado. Están deteriorados los vínculos internacionales con los Estados Unidos, España, Francia, Italia, Alemania, México, Chile, Uruguay, Colombia y muchos otros países.
En algunos casos, la relación se vio perjudicada por el inoportuno y equivocado alineamiento con los gobiernos de Venezuela, Cuba y Ecuador y la sobreactuación en encuentros de alta exposición, como, por ejemplo, la IV Cumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata. En otros, por el incumplimiento de pagos a bonistas o a organismos multilaterales, o por la violación reiterada, sostenida y declamada de contratos de concesión que afectaron el derecho de propiedad de empresas extranjeras. En el caso de Uruguay debe lamentarse un manejo poco serio de nuestro gobierno, dispuesto a acatar reclamos e imposiciones asamblearias que han incluido hasta el cierre de un paso de frontera por tiempo indeterminado.
Las concesiones a los reclamos gremiales por la vía de la normativa laboral también han sido moneda corriente para comprar apoyo político. En gran parte de los casos no se ha tenido en cuenta la competitividad ni el desaliento a nuevas inversiones, lo que en el largo plazo redunda en perjuicio de los propios trabajadores, al afectar su nivel de salarios y las oportunidades de más y mejor empleo. El desaliento por la normativa y la conflictividad laboral se suman a la inestabilidad de la legislación impositiva, a los controles de precios y al intervencionismo, para configurar un ambiente adverso a la inversión productiva. El deterioro de la confianza es hoy una realidad que exponen las estadísticas sobre inversión extranjera directa y las mediciones de riesgo país. La insuficiencia de inversiones se refleja en los estrangulamientos en la producción energética y en otros mercados desabastecidos.
En otras áreas, las deficiencias de inversión y de gestión son menos percibidas, pero no por ello menos graves. Por ejemplo, la Argentina ha perdido casi totalmente su capacidad defensiva. Una visión de contenido ideológico y revanchista ha guiado la relación y la política nacional respecto de las Fuerzas Armadas. Con algunos rasgos similares, se ha descuidado la tarea de las fuerzas policiales a las que también se las ha condicionado con usos penales sujetos a un sobreactuado garantismo. El deterioro de la seguridad hoy expone las consecuencias de estos principios de gestión.
Tal vez el proverbio de “siembra vientos y cosecharás tempestades” sea en mayor medida aplicable al discurso de confrontación empleado permanentemente por el ex presidente Néstor Kirchner y también por su esposa, que lo ha sucedido. La reiterada técnica dialéctica ha sido la de identificar en cada suceso a un enemigo del pueblo y apelar a la división social, el odio, y a una visión parcial y sesgada de los hechos del pasado. Esto ha provocado necesariamente el acompañamiento de grupos allegados al Gobierno dispuestos a tomar la calle y actuar por cuenta propia mediante el uso de la fuerza o la intimidación. Alegan hacerlo frente a supuestos intentos de golpes de Estado o amenazas al interés popular. El discurso oficial de estos años también ha producido un cansancio ciudadano que hoy se manifiesta en un derrumbe en los porcentajes de apoyo al Gobierno en las encuestas. Estas circunstancias no han sido ajenas al masivo apoyo logrado por la gente del campo en su enfrentamiento con el gobierno nacional.
Han comenzado a emerger con nitidez las consecuencias no deseadas de una gestión que privilegió el apoyo popular y los efectos inmediatos y que además se benefició por un marco internacional excepcionalmente favorable. No debe demorarse ahora la introducción de cambios en esas políticas y en el modelo aplicado, que no sólo corrijan o atenúen esas consecuencias, sino que privilegien el mediano y largo plazo sin dejar de atender en el presente a los más necesitados y afectados por los problemas creados por quienes en su momento alegaron defenderlos.










