Manipulando encuestas

por Esteban Valenti

Cuando regresé al país a finales de 1984 y sobre todo luego que asumí responsabilidades en el Partido Comunista del Uruguay (PCU) en la propaganda y la comunicación utilicé un elemento al que le he sido fiel a lo largo de todos estos años: el uso de las encuestas de opinión pública.

Primero las cuantitativas, es decir las más conocidas y comunes y luego las cualitativas. No es ninguna genialidad, lo hacen todos los que hacen política y comunicación en forma seria.

Para la izquierda y en particular para el PCU fue una novedad. En el Uruguay hay una buena base profesional, empresas serias y variadas, incluso que utilizan métodos diversos y en general han acertado en una proporción bastante alta. No siempre.

Además de las empresas hay analistas de opinión pública que trabajan desde hace muchos años, que tienen series muy largas de datos, buenas bases de información históricas y que además son estudiosos de las tendencias y los fenómenos políticos uruguayos. Incluso unos cuantos han trabajado en otros países con buenos resultados.

A todo esto debo agregar que otra de las vertientes que utilicé desde siempre fue aportada por mi querido y entrañable amigo el “corto” Buscaglia que decía que para hacer política y comunicación además hay que tener mucho boliche y muchos cumpleaños de quince. Ejercer el olfato. Insustituible.

Las encuestas valen si se integran a un sistema más completo de análisis, si además se complementan y se verifican con las encuestas cuantitativas, si provienen de varias fuentes y sobre todo si no son “propias”, es decir hechas por encuestadoras “amigas”. Esas siempre dan bien.

La otra condición imprescindible es que a las encuestas hay que atenderlas – no como una religión – cuando entusiasman, cuando son complicadas y cuando dan mal. Si no son un sistema de autoengaño. Uno de los elementos más peligrosos de la política. En particular cuando se está cerca o en el poder.

Hecha esta larga introducción, vayamos al grano. ¿Los resultados de las encuestas deciden o influyen de manera determinante en la decisión de los ciudadanos a la hora de votar? Tienen su influencia. Muy compleja, a veces contradictoria y que no admite lecturas simplonas. Cuando se subestima a la gente y se la cree prisionera de nuestras propias debilidades e incapacidades uno se lleva las más desagradables sorpresas. A los ciudadanos hay que respetarlos. Esa es la ley primera.

Las encuestas sirven para juegos de palacio, para armar tramas, para recoger fondos y apoyos de los medios, para entusiasmar o desanimar militantes y fervientes. Sirven. Pero no son la mano santa. El que las utilice para eso, sabe poco de política y sobre todo no sabe nada de ciudadanía.

Es bastante similar al tema de las campañas publicitarias y de comunicación. En un plano diferente, que hoy no voy analizar. Todas las recetas mágicas, son una truchada.

No voy a referirme a ningún tema específico, a ningún candidato en particular. Ya lo hice de sobra en las semanas pasadas. Voy a reivindicar una actitud y un método.

En política y en medio de una maraña de temas, de choques, de debates un aspecto central es elegir bien las prioridades. Sin prioridades adecuadas no hay buena política. Yo lo confieso: tengo una prioridad absoluta y total: que la izquierda, que el FA gane las próximas elecciones. No sólo ni principalmente porque soy de izquierda, sino sobre todo porque este es un muy buen gobierno, que luego de la salida del desastre de la crisis necesita otros cinco años para demostrar el impacto completo de su proyecto nacional. Y porque creo que su aporte a un gran cambio y un gran impulso al desarrollo del país puede ser histórico. Tratando de no malgastar las palabras.

Y quiero decirlo polémicamente y claramente, discrepo en toda la línea si alguien le da poca importancia a perder las próximas elecciones. Creo que sería una verdadera tragedia para el país. En algún momento pasaremos a la oposición, no hay duda, pero iniciar la restauración a partir del 2010, es fatídico.

¿Es posible este nuevo triunfo? Si, todas las encuestas lo muestran. A tres años y medio de gobierno la izquierda mantiene un piso muy alto, entre el 42% y el 46% de intención de voto. ¿Ganamos en primera vuelta? Esa pregunta es más compleja de responder. Una alta posibilidad es tener casi la mayoría del parlamento o incluso la mayoría de ambas cámaras pero ir a un ballotage y ganar en esa instancia. Depende de la lectura que se haga de las serie de encuestas, pero sobre todo de otros factores. No hay fatalidades.

Depende de cómo culmine la labor de este gobierno, del papel que jugará en el proceso la principal figura de la izquierda: Tabaré Vázquez, depende de la capacidad política y de elaborar una renovada propuesta de gobierno por parte del FA y de su movilización, entusiasmo e inteligencia y depende de los candidatos.

No voy a dar nombres. Las encuestas – todas – dan señales grandes como una casa, o mejor dicho como un rascacielos. La primera y fundamental es que estamos plenamente en carrera pero que no es la misma situación que en el 2004. La segunda es que hay sólo dos candidatos reales, posibles y con posibilidades. Lo demás es aventura total. Esto no aparece en la última encuesta, viene desde hace más de dos años. Es una serie coherente de resultados, surge evidente de las encuestas cualitativas. Si alguien que tiene una prioridad clara como la que yo expuse conoce estas informaciones, estas encuestas ¿ que debe hacer? ¿Especular, calcular, conspirar o ponerlas en conocimiento de la gente de su gente? Yo me siento en la obligación de hacerlo. Y no me arrepiento en absoluto, al contrario.

Si difundir estas informaciones interfiere en tejidos y negociaciones, en planes sectoriales, en objetivos partidarios, en aspiraciones personales totalmente legítimas. Lo lamento. Pero no es mi culpa, es la cruda realidad.

¿Se puede dar la posibilidad de que alguien totalmente externo a los nombres en danza sea el candidato y gane las elecciones? Creo con toda convicción, que es imposible. Absolutamente imposible. Creo que sería un suicidio.

Esto deja pendiente el tema de los pocos nombres en danza. Descartemos al actual presidente, por más que se insista, no será candidato. Ya lo dijo en todos los idiomas. Por lo tanto toda queda reducido a dos nombres.

¿Qué hacer? Y aquí vuelve el mismo punto de partida: ganar, lograr las mejores condiciones para ganar. Y allí además de las encuestas, hay otros elementos que pesan mucho. Si el centro del debate pre electoral es sobre el pasado, sobre los hechos previos a 1973 y tal como lo dijo uno de los dos dirigentes en cuestión con gran lucidez y lo repitió en varias ocasiones. Perdemos.

Ya tenemos experiencia, incluso en las elecciones del 2004, cuando lograron por pocos días cambiar el eje del debate en esa dirección, perdimos y bajamos en la intención de voto y en las encuestas. Recuerden, frenteamplistas, recuerden.

Imaginemos que macumba organizará la oposición para las próximas elecciones para evitar discutir sobre los resultados de este gobierno y sobre el futuro nacional. La gente que ya salió del síndrome de la crisis votará en una proporción importante pensando en el futuro. Por eso vale tanto el programa, las ideas fuerza de la izquierda.

Otro dato relevante es que el resultado no depende de una sola persona, que por primera vez desde que existe el FA, es decisiva la suma de las dos corrientes, las dos personalidades centrales de la izquierda. Eso es también evidente, en las encuestas y en el más elemental análisis político.

¿Es indiferente el orden de los candidatos? Aquí las señales de las encuestas son más complejas, pero también son bastante claras: no es lo mismo, para ganar necesitamos un determinado orden en la fórmula presidencial. Cualquier lectura refinada o gruesa de los cuadros, del cruce de datos de las encuestas y sobre todo en el análisis de los datos cualitativos demuestran que en el público que debemos conquistar nuevamente y por primera vez para ganar – no en los votantes seguros y decididos – el orden de los candidatos es determinante.

Obviamente todos estos temas están en discusión, cada uno aporta sus ideas, sus argumentos y sus humores. ¿Cómo decidimos? Hay instancias internas: el congreso del FA y instancias institucionales, las elecciones internas. De cómo encaremos ambos depende también el resultado. Y que cada uno se asuma sus responsabilidades. Para eso está la política.

Yo creo firmemente que una disputa interna, donde además de los Papas, que seguramente lo harán de manera civilizada y correcta intervendrán los papistas y nuestros adversarios, el riesgo de comprometer el triunfo del FA es muy grande. Obviamente es una opinión más, aunque analizando algunas declaraciones agresivas hasta con el Presidente de la República en estos primeros escarceos, no es muy difícil imaginar como puede funcionar el papel de lija.

Todos los cantos de sirena de que las elecciones internas pueden ayudar a convocar a la gente y a definir de la mejor manera las candidaturas me preocupan. Ganamos las elecciones en el 2004 sin doble candidaturas en las elecciones internas. No será una ley, pero es un antecedente.

Dejo para más adelante otros “pequeños” temas. La izquierda se debe preocupar de ganar las elecciones, como lo hacen por otro lado todos los partidos políticos, pero además debe asegurar el mejor gobierno posible. Ya el periodo de aprendizaje terminó, por lo tanto además de claridad programática, de la defensa de los valores de la izquierda, de las sensibilidades sociales diferentes, hace falta mucha eficiencia, eficacia, asumir riesgos y concretar cosas. De eso también hablan las encuestas pero de manera más indirecta.

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