Que hablen
Porque los sacrificados líderes del Partido Rosado vienen realizando trabajosamente, como Mao Tse Tung, una Larga Marcha desde la Derecha hacia el Centro por orden de sus alevosos politólogos asesores (Dios nos libre y guarde).
¡Y no pueden! Por más que se les pida espíritu de sacrificio, “endurance” y estoicismo, vienen de tan lejos (lejísimo diríamos) que “no hay cuerpo que aguante”.
Es pedirles un viaje como el de Marco Polo a pie. Y además creíble.
Ya de a caballo, como le gustaría a Larrañaga, sería hoy una hazaña: vienen de muy lejos.
Entonces, para el pánico de sus asesores, Lacalle se manda lo de la motosierra, lo de las inversiones, lo de las duchas…; De León lo del control de natalidad para los pobres; Alfie lo de trasladar la ciudad de Bella Unión… Y así sucesivamente, alargando inconteniblemente la lista de disparates para bien del Frente Amplio y escándalo del público estupefacto.
Hoy nos vamos a referir (porque esto es inagotable con tal que hablen) a unas recientes declaraciones de Larrañaga el postergado.
Según dicen dijo algo así como que reconoce que la pobreza es un asunto serio y respetable, agregando a continuación y sin solución de continuidad, un “pero”.
Con su consabida enérgica oratoria termino la frase aseverando que de ninguna manera está dispuesto a cobrar impuestos a la clase media para darle plata a los que no trabajan.
¡Es inútil!: no podemos criticar a los politólogos. Sencillamente no se puede. Es imposible traer, ni con guinche, a estos hombres desde la derecha hasta el centro. No pueden abandonar su entorno. Misión imposible.
Obviamente los desocupados no trabajan. ¡Vaya descubrimiento! Y para las madres “solas” pero con muchos hijos es muy difícil. Para las crudas realidades sociales que ellos produjeron es complicado conseguir trabajo.
Larrañaga transforma a las más indefensas victimas en victimarios.
Y, encima, este Gobierno frenteamplista los ayuda.
Con el mismo razonamiento (debemos reconocer que lo es pero de derecha), tampoco habría que ayudar a los niños (no trabajan), a los viejos (no trabajan), a los enfermos (no trabajan)… Llegar desde la lejana Derecha al Centro, implica forzosamente pedirle a los que más tienen para dar a los que menos tienen. Tan sencillo como eso.
Absolutamente todas las actividades que nos definen como pueblo dan perdida. No hay una que de ganancia.
Es una tradición, que los orientales comprendimos, en medio de nuestras mas graves adversidades (recordar el siglo XIX): que es licito y encomiable ganar (somos partidarios de la victoria en cualquier terreno) pero al mismo tiempo, que es una obligación moral ayudar a los compatriotas que por algún motivo “anden en la mala”.
Somos un país joven, de inmigrantes que llegaron a nuestras playas con una mano atrás y otra adelante huyendo de la miseria y otras persecuciones. Nos caracterizamos por eso: la hospitalidad solidaria.
Los hoy ricos de Uruguay (al decir de Damiani: “riquitos”) tienen detrás, a poco que le rasquemos su carrocería, un inmigrante, o un paisano pobre.
Pero Larrañaga dijo el otro día absolutamente lo contrario.
Predico lo contrario como si no viviera acá. Como si no formara parte de este pueblo. Proponiéndonos otra conducta y un paradigma extraño.










