La última carta
A casi sesenta días de las elecciones, las encuestas de intención de voto son el principal instrumento para conocer la orientación de la campaña.
Un repaso de las últimas publicaciones muestra que todas coinciden en lo mismo, existe una gran paridad entre el Frente Amplio y el bloque de los partidos de la oposición. Este dato resulta clave para comprender lo qué está sucediendo en estos días.
Con un alto nivel de definición del voto y un porcentaje de indecisos que no supera el diez por ciento, las alternativas estratégicas de las campañas se vuelven mucho más estrechas. Los números indican que, si todo sigue como está, Mujica y Lacalle deberán definir la presidencia en una segunda vuelta. Los ejercicios de simulación de balotaje muestran también un equlibiro electoral entre los dos principales candidatos. En resumen, tenemos un escenario caracterizado por la incertidumbre que emerge del equilibrio electoral entre los dos bloques.
Este estado de situación impone a cada candidato desafíos distintos. Lacalle y su partido deben lograr que la campaña se desarrolle sin grandes cambios para que el resultado de octubre obligue a una segunda vuelta. Para el triunfo, confían en atraer el voto colorado e independiente. El gobierno sería encarado mediante la construcción de una coalición entre ambos partidos tradicionales, como en los viejos tiempos.
Mujica y su partido, en cambio, necesitan modificar el actual escenario. Su prioridad es ganar en primera vuelta para contar con una mayoría legislativa; su plan B es alcanzar el 48 o 49 por ciento, y procurar el triunfo en noviembre mediante la captación de aproximadamente dos puntos del electorado. Su última preferencia sería triunfar como de lugar, o sea, en segunda vuelta y sin mayorías en las cámaras.
La primera opción exige a Lacalle una campaña ordenada que evite tomar riesgos innecesarios. Realizar actos y recorridas, lanzar ideas no muy audaces y mostrarse como el presidente que necesita el país. La segunda opción, exige a Mujica imponer novedades en su campaña. De hecho, el candidato del Frente ya lo intentó. Disparó con toda su artillería sobre los errores cometidos por Lacalle en julio. Habló de la motosierra, de las inversiones, de la comparación del plan ceibal con la tarjeta joven, etc. También otorgó a Astori un lugar relevante en la campaña, tal cual lo hiciera Vázquez cinco años antes. Sin embargo, ni una ni otra iniciativa, brindó los resultados esperados. El crecimiento fue menor, tan sólo dos puntos del electorado. Los cien mil votos que le faltan al Frente Amplio para ponerse en zona de definición, exigirían mayor audacia e iniciativas de gran porte.
Pues bien, la respuesta no se hizo esperar. En el día de ayer apareció una gran jugada, que podríamos catalogar como la última carta: el presidente se lanzó de lleno a la competencia. Mediante un acto público cuidadosamente preparado en la ciudad de Bella Unión, Tabaré Vázquez lanzó una ofensiva consistente en defender la gestión del gobierno y poniendo especial énfasis en las políticas sociales desarrolladas por su administración: Plan de emergencia, programas de salud, atención a la población en situación de calle, asignaciones familiares y plan ceibal. Nada quedó en el tintero. Una gran puesta en escena, un discurso bien elaborado y un final vibrante con la voz de Mario Benedetti.
Esta última carta tiene una importancia superlativa porque apunta a transformar la campaña electoral en un verdadero plebiscito en torno a la gestión del gobierno. No digo que Vázquez actué en forma unilateral o mesiánica. Por el contrario, creo que su salida responde a una estrategia general del Frente Amplio con el objetivo explícito de resolver el pleito en el mes de octubre. A partir de ahora, Mujica y Astori harán su trabajo, pero el presidente y sus ministros contribuirán re-centrando los ejes de la campaña en torno a los logros del gobierno.
El concepto plebiscitario de la elección pretende sustituir la decisión entre Mujica y Lacalle, por otras alternativas más concretas y tangibles para la gente: “Plan Ceibal o enseñanza en ruinas”, “Hospital de Ojos o ancianos ciegos”, “Asignaciones Familiares o pobreza”, “Plan de Emergencia o indigencia”. La intención es simplificar al máximo la decisión del voto de una parte importante de la población, que podría mostrar prejuicios y preconceptos hacia el tandem Mujica-Astori, pero que estaría dispuesta a considerar la continuidad de ciertas políticas.
La idea de Vázquez es obvia. Dada la paridad existente, el Frente Amplio debe necesariamente abordar a ciertos segmentos del electorado que puedan estar disponibles. El grupo más informado hace tiempo que resolvió su voto; el más sofisticado, que gusta compara ofertas de candidatos y programas, también ya lo hizo. Sólo queda el grupo menos informado de la población, aquél que no gusta de la política, que no consume noticieros ni prensa en general. Este segmento está compuesto por personas inclinadas hacia algún candidato, pero con una decisión no muy firme, pero también por aquellos que decidirán en el tramo final de la campaña. Hacia ese público está dirigido el “tómalo o dejálo” de Tabaré Vázquez.
Pero para ser más exactos, ¿quiénes son los los ciudadanos que carecen de interés en política y hacia los cuales estaría orientada la iniciativa de Vázquez? Son un grupo importante de la población con un patrón muy definido: baja escolaridad y bajos ingresos económicos. Una encuesta divulgada por la empresa Equipos-Mori hace quince días, muestra que en el segmento de menor ingreso , los partidos tradicionales superan con facilidad al Frente Amplio. Este dato desmiente las especulaciones que sostenían que las políticas sociales del gobierno alterarían las bases electorales de la izquierda. Esa encuesta muestra que al Frente Amplio lo siguen votando principalmente las capas medias del país. Por ese motivo, el discurso de Vázquez se dirige a conquistar al público más pobre de la sociedad y eso es por la razón del artillero: como sus políticas compensatorias han estado dirigidas a beneficiar a este sector, es hora de solicitarles el voto.
Por otra parte, las encuestas también muestran que la ventaja de los partidos tradicionales se agranda en el interior del país, en casi todos los tramos sociales. Por eso, tampoco es casualidad que los cuatro o cinco actos proyectados por el gobierno para las próximas semanas, se realizarán en pequeños poblados del interior del país, donde las políticas del gobierno habrían logrado un mayor impacto .
No sabemos si la estrategia del oficialismo tendrá éxito o no, pero al menos debemos reconocerle una alta dosis de audacia e ingenio. Con toda seguridad, la oposición criticará duramente al presidente por hacer campaña electoral, pero Vázquez hará oídos sordos a estos reclamos. No faltará quien proponga hacerle un juicio político por violar la constitución. En respuesta, los dirigentes del Frente Amplio recordarán las famosas “tijeras” de los ex presidentes colorados y blancos, utilizadas en el año electoral para inaugurar todo tipo de obras. Las coberturas de los noticieros harán su trabajo, liberando a Mujica de la fatiga televisiva que le impone la campaña, y evitarán que su estilo verborrágico e irónico, siga permitiendo el retruque de dirigentes de segundo orden de los partidos tradicionales.
Lacalle, por su parte, deberá asumir un desafío que seguramente no esperaba. El ingreso de Vázquez al ruedo supone un desafío superlativo, pues a partir de ahora tendrá dos frentes que atender, con diferente sintonía y agenda. Si bien su capacidad e intuición le permitirán asumir el reto con solvencia, no menos cierto es que la nueva situación hará más dura la faena de mantener el escenario sin cambios. Las próximas semanas mostrarán una campaña intensa y cambiante, una especie de partida de ajedrez con encuestas en la mano. Para saber si tendremos tablas o jaque mate, deberemos todavía esperar un poco.
Autor: Daniel Chasquetti











Septiembre 25th, 2009 at 15:36
Las encuestas uruguayas son de las mas falsas y amañadas de América Latina y ese ya es gran mérito.felicidades