El bautismo de Unasur
Fundada el 23 de mayo pasado en Brasilia, la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) logró su verdadera fe de bautismo el 15 de setiembre en el emblemático Palacio de La Moneda de Santiago de Chile.
Y lo hizo en torno a un tema crucial para toda América Latina, defendiendo la institucionalidad democrática y la unidad territorial de Bolivia, que en estos días ha sido el corazón de América Latina.
La UNASUR se transformó en una fuerza política real, que entre otras cosas contribuyó a concretar el diálogo entre el gobierno y los prefectos opositores, promovido por el presidente Evo Morales desde la noche misma de su formidable éxito en el referéndum revocatorio del 10 de agosto, que lo ratificó con el 67,41% de los votos. Se abrió un cauce de negociación en un país partido en dos desde el punto de vista social, cultural y geográfico, evitándose en lo inmediato una confrontación abierta que hubiera podido derivar en una guerra civil. Recuérdese la represión desatada por el yankizado presidente Gonzalo (Goni) Sánchez de Lozada, que no derivó en un baño de sangre porque la gestión de Marco Aurelio García, asesor internacional del presidente Lula, y de un integrante de la cancillería argentina lo convencieron de que se tomara los vientos rumbo a Miami, abriéndose paso a una transición ordenada y a la posterior elección.
En la cumbre de UNASUR participaron 9 presidentes y tres cancilleres: el de Perú (no vino Alan García por el conflicto limítrofe de su país con los anfitriones, que se dirime en La Haya), y los de Guyana ex inglesa y de Surinam ex holandesa, que por vez primera participan en un evento de esta índole. No faltó nadie. Se metió en el baile a Colombia (cuando Uribe tramita a marcha forzada con Bush un TLC que no va a salir). De esta manera la UNASUR comenzó a actuar en la cancha grande. Con razón el presidente Tabaré Vázquez estimó que la Cumbre de Santiago había sido “histórica” y significado “un amanecer para los países de América del Sur” porque demostraron que “pueden actuar con firmeza y unidos”, resaltando que todos los participantes concordaron en la defensa de las instituciones democráticas y la integridad territorial de nuestros países, el respeto al principio de no injerencia en los asuntos internos, la decisión de no reconocer ningún quiebre institucional y de respaldar a los gobiernos libre y democráticamente electos por sus pueblos. Fidel Castro, en carta al presidente Chávez, fue contundente: “El acuerdo unánime en el UNASUR latino vale oro”.
En el discurso inaugural de la Asamblea General de la ONU el 23 de setiembre en Nueva York, el presidente Lula señaló que está en curso la construcción de una nueva geografía política, económica y comercial en el mundo, en la cual le corresponde un papel esencial a las naciones del Sur (“nuestro norte a veces está en el sur, dijo, repitiendo un lema muy difundido) y enfatizó la significación de UNASUR en estos términos: “En nuestro continente la UNASUR, creada en mayo de este año, es el primer tratado -en 200 años de vida independiente- que congrega a todos los países sudamericanos. Con esa nueva unión política vamos a articular a los países de la región en términos de infraestructura, energía, políticas sociales, complementariedad productiva, finanzas y defensa.
Reunidos en Santiago de Chile hace poco más de una semana los presidentes de América del Sur comprobamos la capacidad de respuesta rápida y eficaz de la UNASUR frente a situaciones complejas, como las que vive la hermana nación boliviana. Respaldamos a su gobierno legítimamente electo, sus instituciones democráticas y su unidad territorial, y realizamos un llamado al diálogo como camino para la prosperidad y la paz del pueblo boliviano”.
Allí Lula aludía a dos iniciativas trascendentes y novedosas colocadas en el orden del día desde la fundación del organismo sudamericano en Brasilia: la creación del Consejo Sudamericano de Defensa y la puesta en marcha del Banco del Sur para financiar los proyectos de infraestructura y de complementación productiva y energética, como por ejemplo el Gasoducto del Sur. El primero cobra toda su significación desde el momento en que Estados Unidos ha resuelto reactivar la IV Flota, archivada desde hace 54 años, hoy atracada en Mayport, Florida, al mando del almirante James Kernan y con una base en la isla de Curaçao, y que andará inspeccionando nuestras zonas marítimas, como amenaza contra Venezuela y en las proximidades de las zonas donde Brasil acaba de descubrir gigantescos yacimientos petrolíferos en su mar territorial.
El presidente brasileño añadió, en el mismo plano, que en diciembre Brasil será sede, en Bahía, de una inédita cumbre de toda la América Latina y el Caribe sobre integración y desarrollo, “una reunión de alto nivel, sin ninguna tutela, asentada en una perspectiva propia latinoamericana y caribeña”.
Me encuentro con un artículo del ex vicepresidente venezolano José Vicente Rangel, quien califica sin vacilaciones a la Cumbre de Santiago de “hecho histórico, así lo nieguen, lo descalifiquen o lo basureen los dueños de los medios de comunicación desde el Cono Sur –ejemplos, La Nación de Buenos Aires o El Mercurio de Chile- hasta los caribeños –ejemplos, El Nacional y El Universal de Venezuela- pasando por todos los encadenados en cada uno de estos países”.
Agrega: “Lo trascendental es que la reunión de la UNASUR entierra el modelo interamericano; saca de la región en lo diplomático y lo político, a quien antes la hegemonizó: los Estados Unidos, y crea un espacio propio para dirimir y decidir sobre los asuntos específicos de la región. América Latina no es más ‘patio trasero’ del imperio. Es una realidad geopolítica, política, cultural, económica, y social con sus propias peculiaridades, y, sobre todo, con voluntad de actuar unida y de hacerse sentir con dignidad en el concierto mundial” Cita al presidente Chávez, que dijo: “América Latina canta a coro. Un solo gallo no hace la mañana. UNASUR existe, pues”.
Y comenta: “Claro que existe y partió en dos la historia, antes y después de Santiago de Chile, de la cita en La Moneda donde murió Allende por las ideas que 35 años después se abren camino”. Fue a la vez una expresión superior de unidad en la diversidad. Se debatió largamente, se expusieron diversas posiciones y se acordó por consenso.
Ha sido destacado el papel de Brasil en la concreción de este anhelo común. Constanza Moreira escribe: “El papel de Brasil ha sido clave en la consecución de los objetivos de UNASUR. Recuérdese además que la Comunidad Sudamericana de Naciones, una iniciativa que tuvo a Brasil como protagonista, es el antecedente y origen de UNASUR.
Cabe entonces esperar un rol destacado de Brasil en ese contexto” (contratapa de La República del 22 de setiembre). Por su parte, Raúl Zibechi detalla todos los movimientos previos al inicio del diálogo en Bolivia, en que estaban listos para iniciar su labor de mediación Marco Aurelio García y Samuel Pinheiro Guimarâes, secretario general de Itamaraty, conjuntamente con el canciller argentino Jorge Taiana (Brecha del 19 de setiembre, página 27).
Creo en síntesis que con la puesta en marcha de UNASUR el proceso de unidad sudamericana ha pegado un salto cualitativo y abre perspectivas renovadas.










